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El Willy no se ha ido
La voz de Guillermo Oddó, el Willy, sigue sonando por doquier. Esa voz profunda, ese torrente sonoro estremecedor y puro. Ese personaje de bigotes grandes y sonrisa fácil, aun sigue aquí. No se explica de otro modo que 11 años después de su desaparición física, sus amigos sigan recordando su graciosas anécdotas y los jóvenes se acerquen a la música guiados por su talento.
El Sábado 9 de noviembre, un grupo de personas se reunió en el Cementerio General de Santiago para rendir un justo homenaje a una de las voces más importantes de la Nueva Canción Chilena.
La actividad, organizada por Ricardo Venegas, contó con la presencia de artistas, familiares, amigos y público atraído por la figura del mítico cantante.
La romería partió cerca de las 11:00 en dirección a la tumba, lugar en el cual, Ricardo dio la bienvenida a los asistentes, y explico las motivaciones para realizar este acto.
Luego de esta introducción, Ricardo presento a Eduardo Carrasco, ex integrante y fundador del conjunto Quilapayún, quien leyó un texto en el cual reivindico la figura del Willy por sobre los hechos que precipitaron su muerte, y recordó la importancia de Guillermo dentro del conjunto, Emotivo fue su recuerdo sobre el momento del alejamiento de Guillermo del grupo. En esa ocasión le regalaron una argolla con la inscripción del nombre del grupo y las fechas de entrada y salida del conjunto, simbolizando la unión existente entre él y el emblemático conjunto.
Después de la intervención de Carrasco, el conjunto Preludio, interpretó el tema "Elegía".
Verónica Oddó, actriz y hermana de Willy, escribió la obra de teatro "Sólo tengo una certeza", basada en las cartas y grabaciones que ambos hermanos se intercambiaron durante sus respectivos exilios (el en Francia y ella en Venezuela y Argentina). De esta obra, estrenada en Buenos Aires y representada en Chile en el año 2000, Verónica extrajo unas décimas a través de las cuales fue contando la vida de su hermano.
Es así como en está métrica característica de la poesía popular, su hermana va relatando los primeros años de Willy, su amor por la música, sus tres años en la Escuela Naval, su ingreso a la Universidad y su acercamiento a la música popular en las peñas universitarias. En esas peñas se hizo conocido, tanto que un grupo de barbudos lo invitaron a integrarse a su conjunto. Verónica también hablo del exilio, de como mantuvieron el contacto a través de cartas y casettes. Del ansiado retorno a Chile en 1988 y el reencuentro con sus padres. Relato ese gracioso encuentro de ella y Guillermo en una micro Catedral. Pero también dejo tiempo para hablar sobre el trágico fin, tan oscuro como rápido. Tan contundente como inexplicable.
Ismael, hijo de Willy, a pesar de la distancia, quiso mandar un mensaje desde Francia. Este mensaje fue leído por el hijo de Ricardo Venegas, y en él, Ismael hace un hermoso recuerdo de su padre, reclama sus bromas, sus bigotes, sus tangos y su cariño. Ismael también le cuenta a su padre como, día a día, el nieto se parece más al abuelo.
Ricardo vuelve a tomar la palabra, para convidar a los asistentes a participar también de este acto. Invita a cada asistente a llenar una hoja con mensaje que quiera hacer llegar a Willy.
Los mensajes escritos por los asistentes son recogidos y depositados en un sobre, el cual es colocado en el fondo de un macetero.
Este macetero cobijará junto con los mensajes, un canelo, árbol de la mitología mapuche que acompañara y dará sombra a la tumba del artista.
Para sellar este momento, Preludio nuevamente vuelve a interpretar uno de los temas clásicos del repertorio de Quilapayún. El tema escogido es "El Árbol de los Libres".
Como cierre del emotivo acto, por los parlantes se escucha "Canto a la Pampa" uno de los tantos temas donde Willy fue solista. En este marco, con la entrañable voz de Guillermo de fondo, los asistentes fueron depositando flores en la tumba su artista.
Definitivamente, el Willy no se ha ido. Su voz sigue en los surcos de los discos, en las cintas. Su magnética sonrisa estampada en cientos de fotografías. Su calidez humana, a cada paso, en las personas que lo conocieron.
Santiago, 9 de Noviembre de 2002
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